Lucrecia y el valor de una segunda oportunidad después de un trasplante

""
""

Lucrecia Salazar, de 35 años, es odontopediatra, le gusta viajar, pasar tiempo con su familia y trabajar atendiendo a sus pacientes en su consultorio. Antes de su diagnóstico llevaba una vida activa y social, pero poco a poco su salud comenzó a mermarse y a cambiar su estilo de vida.

¿Cuál fue el diagnóstico?

Todo comenzó a finales de 2023, Lucrecia llevaba varios meses con síntomas estomacales que aparecían y desaparecían. Durante una plática con la mamá de uno de sus pacientes, que había tenido una experiencia similar, recibió la sugerencia de realizarse un estudio.

 

El resultado mostró que su vesícula, bazo e hígado presentaban un aumento de tamaño, por lo que acudió con un especialista. Pocos días después fue internada en Hospital CHRISTUS MUGUERZA Sur, donde le programaron una cirugía de la vesícula.

 

Antes de la intervención, su médico sugirió realizar una biopsia del hígado en caso de encontrar algo fuera de lo esperado. Lucrecia aceptó. Los estudios posteriores mostraron que su hígado presentaba daño.

 

Así, recibió el diagnóstico que cambiaría su vida: encefalopatía hepática, una enfermedad originada por un mal funcionamiento del hígado que provoca que algunas de las toxinas que no se desechan del cuerpo, se vayan al cerebro, lo vuelva más lento y aumente la presión intercraneal.

 

Las visitas al hospital se volvieron constantes. Por lo menos una vez al mes era necesario internarla para atender dicha enfermedad. “Por más que hiciera las cosas bien, como tomar mis medicamentos, una vez al mes estaba internada. Y pues yo sentía que no era calidad de vida”, recuerda Lucrecia.

Aprender a vivir la espera

Para Lucrecia, la posibilidad de un trasplante no llegó de manera repentina. Había tenido meses para procesar la idea, especialmente después de varias hospitalizaciones, aunque internamente ya contemplaba que podía ser una opción. Recibir la confirmación por parte de su doctor hizo la diferencia.

 

Después de ser incluida en la lista de espera, comenzó una de las etapas más difíciles de cualquier trasplante: aprender a tener paciencia.

 

Lucrecia fue incluida en la lista a principios de noviembre, durante una temporada en la que circulaban influenza y COVID. Por su trabajo con pacientes pediátricos, se vio obligada a limitar también su actividad profesional y reducir el contacto con otras personas para mantenerse saludable y lista para el trasplante.

 

“Yo creo que esa fue la parte difícil, el tener que cuidarme y tener miedo de que, nunca me enfermo, pero ¿qué tal que cuando me hablen llego a estar enferma?”, cuenta Lucrecia.

 

Durante los momentos más difíciles, su familia se convirtió en una de sus principales motivaciones para seguir adelante. Pensar en sus papás y en volver a compartir momentos con su sobrino le daba fuerzas para continuar.

La llamada que lo cambió todo

Antes de recibir el órgano que necesitaba, Lucrecia había recibido dos llamadas que terminaron sin un trasplante. En ambas ocasiones se encontraba como segunda persona en la lista y por protocolo debía acudir al hospital para realizarse estudios mientras se confirmaba si el órgano podía ser utilizado, pero la tercera llamada fue diferente.

 

Lucrecia estaba dormida cuando su teléfono sonó a las seis de la mañana. Al ver quién llamaba, sintió que algo había cambiado, aunque había imaginado muchas veces cómo reaccionaría cuando llegara ese momento. “Ya lo había pensado antes, cuando me hablen voy a tener todo listo y en ese momento no me la podía creer”, recuerda Lucrecia; pero cuando finalmente ocurrió no pudo evitar sentirse en shock.

 

Esta vez, Lucrecia recibió el trasplante de hígado.

 

Un equipo que ya estaba listo

Al llegar al hospital, Lucrecia pudo ver todo lo que ocurría detrás de una cirugía de este tipo. Para ella, uno de los aspectos que más le impresionó fue descubrir que el trabajo del equipo médico, de enfermería y la coordinación de trasplantes había comenzado mucho antes de su llegada.

El despertar

Lucrecia recuerda abrir los ojos todavía entubada y querer hablar. Había salido de cirugía alrededor de las 11 de la noche y, a las 8:30 de la mañana, ya estaba pidiendo comida.

 

Cuando le ofrecieron caldo y líquidos, ella tenía otra petición: quería comida. Su médico le respondió que aquello era una buena señal de que se sentía bien. Incluso las enfermeras le comentaban que su recuperación parecía muy diferente a la de otros pacientes.

 

“Ni parece que te hicieron un trasplante”, recuerda que le decían sus enfermeras.

Volver a viajar, trabajar y disfrutar

Después del trasplante, Lucrecia comenzó a pensar nuevamente en las cosas que quería hacer. Entre ellas estaba regresar a dos actividades que había tenido que dejar de lado: trabajar y viajar, pero la experiencia también cambió su manera de mirar las cosas cotidianas.

 

Al haber pasado meses limitada por su salud, aprendió a valorar incluso aquello que antes parecía insignificante.

 

“Aprendí a disfrutar hasta las cosas tontas o las cosas insignificantes que uno pensaría, porque a veces, al final, me di cuenta de que esas cosas que uno da por hecho son las cosas que a veces también uno extraña más.” comenta Lucrecia.

Una nueva oportunidad gracias a una decisión

Para Lucrecia, recibir un órgano también significó pensar en la persona que decidió donar.

 

No conoce su identidad. Solo sabe que se trataba de una mujer joven y que, detrás de esa donación, hubo una familia que tuvo que tomar una decisión en medio de un momento profundamente doloroso, por eso, las primeras palabras que Lucrecia tiene para ella y su familia son sencillas: “Gracias por haber dicho que sí.”

 

Para ella, hablar de donación de órganos también es una manera de reconocer el valor de esa decisión.

 

“Yo quiero hablar tanto del tema hasta que sea una plática normal”, afirma Lucrecia.

 

Su deseo es que las personas puedan hablar sobre la donación con sus familias y seres queridos, porque una conversación puede convertirse en la posibilidad de ayudar a alguien más.

 

Hoy, Lucrecia mira hacia adelante con nuevos planes y con una perspectiva diferente después de todo lo que vivió. Porque después de esperar tanto para recuperar su vida, Lucrecia aprendió a no darla por sentada.

 

A quienes se encuentran en una lista de espera, les comparte un mensaje que aprendió durante su propio proceso: paciencia y fe.

 

“Yo creo que lo que es para ti, pues eventualmente llega. Puede tardar, pero va a llegar ese momento.” dice Lucrecia.

 

Y para quienes alguna vez han pensado en ser donadores, quiere que el tema deje de ser una conversación incómoda o lejana, porque para ella, recibir una segunda oportunidad también le enseñó que algunas de las decisiones más importantes pueden comenzar con algo tan sencillo como hablarlo con quienes queremos.

 

Ve el testimonio de Lucrecia completo aquí.

Compartir

SUSCRIBETE

    PRIMER NOMBRE

    SEGUNDO NOMBRE

    APELLIDO PATERNO

    APELLIDO MATERNO

    CORREO ELECTRÓNICO

    TELÉFONO

    BUSCO INFORMACIÓN PARA

    Unidad

    MENSAJE

    NOTICIAS RELACIONADOS

    MÁS INFORMACIÓN

    Magdalena Salgado Comunicación Corporativa magdalena.salgado@christus.mx Si tienes alguna queja, sugerencia del servicio o felicitación, escríbenos.
    test-newsletter

    Suscríbete

      PRIMER NOMBRE

      SEGUNDO NOMBRE

      APELLIDO PATERNO

      APELLIDO MATERNO

      CORREO ELECTRÓNICO

      TELÉFONO

      BUSCO INFORMACIÓN PARA

      Unidad

      MENSAJE