Una historia de esperanza: Hazael y cómo salió adelante frente al cáncer

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Hazael Olivier lleva una vida tranquila, es un hombre previsor que acostumbra a realizarse un examen de antígeno prostático cada seis meses. Sin embargo, el año pasado comenzó a notar algunas alteraciones en su organismo que afectaban su rutina diaria. Después de una intervención médica y algunos estudios, recibió una noticia que cambiaría su vida: los resultados habían confirmado cáncer de próstata.

“A partir del año pasado tuve dificultades para hacer del baño, fue cuando consulté con el doctor y me informó que tenían que hacerme la operación en la próstata para descartar el cáncer y, por desgracia, al momento que se hicieron los análisis salió positivo a cáncer de próstata”, recuerda Hazael.

Un diagnóstico que cambió sus planes

Recibir la noticia no fue sencillo. Como ocurre ante un diagnóstico inesperado, la incertidumbre sobre lo que vendría después se convirtió en una de sus principales preocupaciones.

 

“Afortunadamente, los doctores me recomendaron que aquí, en Alta Especialidad, había un aparato de radiación de última generación”, cuenta.

 

Fue así como Hazael decidió continuar su tratamiento en Hospital CHRISTUS MUGUERZA Alta Especialidad, donde comenzó un programa de 28 sesiones de radioterapia.

La confianza para comenzar

Durante sus primeras consultas, Hazael encontró en los especialistas la información que necesitaba para afrontar el tratamiento con mayor tranquilidad.

 

El doctor Mario Saldaña, fue uno de los primeros médicos que lo atendió y posteriormente le recomendó continuar su proceso con el doctor Daniel Gallegos quien le explicó el tratamiento y juntos establecieron la fecha para comenzar las sesiones.

 

Para Hazael, recibir una explicación detallada sobre lo que sucedería durante las radiaciones fue fundamental para disminuir la incertidumbre.

 

Yo tenía la incertidumbre de qué iba a pasar. Él me hizo una amplia explicación de lo que iba a pasar con las radiaciones y cuánto porcentaje había de que todo saliera muy bien”, recuerda sobre su primera consulta.

 

Con esa información, llegó el momento de comenzar.

De los nervios a la confianza

El primer día de radioterapia Hazael llegó nervioso. No sabía exactamente qué iba a experimentar y la incertidumbre hizo que las primeras sesiones fueran especialmente difíciles. Poco a poco, la experiencia dejó de ser desconocida y comenzó a formar parte de su rutina.

 

Con el paso de las sesiones descubrió que el procedimiento no era doloroso y que aquellos minutos dentro del equipo podían convertirse incluso en un espacio para hacer una pausa.

 

“Son 10, 15 minutos que pues es un proceso que la máquina hizo este trabajo excelente. Está uno a tiempo hasta de concentrarse ahí, hacer oración y pedir por familiares y todo este tipo de cosas”, cuenta.

 

Las sesiones también implicaban seguir una rutina antes y después de cada tratamiento. Hazael recuerda especialmente el acompañamiento del personal, que estaba pendiente de él desde su llegada hasta el momento de despedirse.

El repique de la campana

Después de 28 sesiones, llegó el momento que Hazael esperaba: su último tratamiento.

 

Ese día comenzó como cualquier otra sesión. Llegó al hospital, siguió el proceso habitual y se preparó para recibir la última radiación. Sin embargo, al salir, encontró una sorpresa que convirtió aquel momento en uno de los más especiales de todo su proceso.

 

Su familia y el personal que lo había acompañado durante las semanas de tratamiento estaban esperándolo.

 

Y esta vez, la campana también era para él.

 

“Me encuentro con la sorpresa de encontrarme a toda mi familia con todo el personal que yo veía que tocaba la campana y pues ayer me tocó sonar la campana. Es un momento indescriptible, mucha emoción. Ver a toda mi familia, a mis nietos, que es algo formidable”, recuerda con emoción.

 

Para Hazael, aquel momento no solo representó el final de su tratamiento, sino también una oportunidad para mirar hacia adelante.
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Una nueva forma de mirar la vida

Al mirar hacia atrás, Hazael reconoce que su proceso habría sido diferente sin las personas que estuvieron a su lado.

 

“Mi agradecimiento al doctor Mario Saldaña, al doctor Gallegos, que fue el que estuve viendo durante este proceso. Atenciones muy buenas, pláticas que tiene uno del proceso que uno va siguiendo o que va teniendo a diario, muy profesionales”, expresa.

 

También reconoce al personal de radioterapia y enfermería, quienes estuvieron pendientes de él durante cada visita. Para Hazael, la atención no terminó en el momento de recibir el tratamiento. Los saludos, las revisiones y el acompañamiento diario hicieron que poco a poco aquel lugar dejara de ser desconocido.

 

Hoy, después de concluir su tratamiento, Hazael se siente tranquilo y agradecido. Poco a poco busca retomar sus actividades y regresar a su trabajo, pero también reconoce que la experiencia le dejó una nueva manera de entender la vida.

 

Parte de esa reflexión lo lleva a insistir en la importancia de no dejar de lado las revisiones médicas. Desde su propia experiencia, recomienda a los hombres mantenerse atentos a su salud prostática y consultar con un especialista sobre los estudios que correspondan de acuerdo con su edad y antecedentes.

 

“Más vale estar haciendo eso cada seis meses con un médico que esté al pendiente de todo eso”, aconseja Hazael, ahora libre de cáncer.

 

Después de meses de incertidumbre, tratamientos y momentos difíciles, Hazael cerró una etapa acompañado por las personas que estuvieron con él desde el principio. Hoy, con la tranquilidad de haber concluido sus sesiones, mira hacia adelante con una nueva perspectiva y con el deseo de continuar su vida junto a su familia.

 

La historia de Hazael es una invitación a no posponer el cuidado de la salud. Un chequeo a tiempo puede hacer la diferencia.

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