Para Rodolfo y Laura, el diagnóstico de su hijo Efraín, de 11 años, llegó con un nombre complejo: meduloblastoma. Tras una cirugía mayor y algunas semanas en terapia intensiva regresaron a casa, y fue entonces que el verdadero reto comenzó, el siguiente paso: 30 sesiones de radioterapia.
La incertidumbre ante dicho tratamiento despertó un temor profundo en sus padres. Sin embargo, la historia de Efraín demuestra que el miedo puede disolverse cuando el entorno médico se convierte en un espacio seguro, humano y familiar.
¿Cómo cambia la vida de una familia tras el diagnóstico de un meduloblastoma infantil?
El meduloblastoma es un tipo de tumor cerebral canceroso que se origina en el cerebelo, la zona encargada de coordinar el movimiento y el equilibrio. Después de la cirugía, el paciente puede presentar una afección neurológica temporal.
En el caso de Efraín, la operación dejó una secuela conocida como mutismo cerebeloso, un trastorno neurológico que se caracteriza por la pérdida parcial o total del habla, generalmente combinado con problemas de coordinación motora, debilidad muscular y alteraciones del comportamiento.
El regreso a las funciones básicas se convierte en una labor diaria de paciencia extrema, tanto para el paciente, como para la familia.
Pasar del temor a la calma durante el tratamiento oncológico
Una radioterapia puede resultar intimidante para un niño de 11 años y preocupante para sus padres: máquinas de gran volumen, luces específicas y la necesidad de permanecer completamente inmóvil.
Para Efraín, la radioterapia posterior a su cirugía requirió un abordaje más amplio que consistió en dos etapas, las primeras sesiones se dirigieron a la médula espinal y a la parte posterior de su cabeza, y el resto en el área afectada.
El éxito de este proceso no depende únicamente de las herramientas tecnológicas, sino de la preparación y el apoyo que el equipo médico, técnico y de enfermería brindan durante cada sesión.
Tal como lo expresa el papá de Efraín, el médico tratante, se tomó el tiempo de explicarles detalladamente a ellos y a Efraín qué sucedería en cada minuto dentro de la sala, “El doctor Ricardo nos apoyó con el tema de la explicación y el proceso de la radioterapia”. Saber qué esperar redujo la ansiedad familiar y permitió que el pequeño entrara a su primera sesión un poco más preparado.
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La familia y el trato médico, piezas claves en la recuperación de Efraín
El diseño de un tratamiento médico no está completo si no contempla el soporte emocional de quienes lo reciben. Un diagnóstico como el cáncer no solo impacta al cuerpo, sino que sacude por completo el entorno emocional de toda la familia, enfrentándola a días de profunda incertidumbre y temor.
El verdadero cuidado va más allá de la tecnología. Para Efraín y sus padres, las visitas diarias para recibir radioterapia se transformaron en un proceso cobijado por la calidez del equipo del Hospital CHRISTUS MUGUERZA Alta Especialidad.
La precisión técnica del equipo médico se fusionó con una empatía genuina; quienes comprendieron desde el primer día que detrás de cada sesión había un niño de 11 años y unos padres buscando certezas. Esta sensibilidad y la constante accesibilidad del equipo médico crearon una rutina hospitalaria diferente. Efraín no se sentía como un paciente aislado en una sala de cuidados, sino como una persona escuchada y acompañada en un ambiente de profunda confianza. Permitiéndole a él y a su familia asimilar el proceso con mayor serenidad y fortaleza.
“La verdad estamos muy contentos, un ambiente muy familiar, mucha comprensión, trataron muy bien a Efra”, expresa su papá.
El cierre de una etapa
Hoy, el pasillo del área de radioterapia se llenó del repique de la campana que marca el final de las 30 sesiones de Efraín. Acompañado por sus padres Rodolfo y Laura, sostuvo la cuerda con firmeza y la hizo sonar ante el equipo médico que lo cuidó durante semanas.
La recuperación total de las secuelas del mutismo cerebeloso sigue su curso, pero los avances diarios son notables. El niño que volvió a casa con movilidad cero hoy camina por sus propios medios y recupera el habla paso a paso. Cuando le preguntan qué sigue ahora que la radioterapia ha terminado, la respuesta familiar evoca la normalidad que el cáncer intentó pausar: volver a los días de juego, a la pelota y a correr en la cancha.
“Cada día nos sorprende más con el Efra que era antes”, concluye su padre. “Y esperamos pronto volver a tenerlo al cien, caminando y jugando fútbol”.
El paso de Efraín por CHRISTUS MUGUERZA nos deja una enseñanza invaluable: el cuidado de la salud es, ante todo, un acto de conexión humana. Su recuperación nos demuestra que la empatía y la calidez del equipo médico son tan determinantes como la precisión técnica, impulsándonos a seguir construyendo un sistema de salud donde cada paciente se sienta siempre acompañado, escuchado y en familia.



